REVISTA DE LA RED DE PARQUES TECNOLÓGICOS DE EUSKADI
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Escapadas de verano

Por Xusane de Miguel Ortiz

     Comienza la cuenta atrás. El verano ya se acerca y su proximidad sirve de incentivo para que, quien más, quien menos, todos deseen salir de casa impulsados por una cierta necesidad de huir de esas cuatro paredes que, con buen tiempo, parecen asfixiar a quienes habitan entre ellas. Mientras llega el ansiado y merecido premio del trabajador llamado vacaciones, que, por qué negarlo, ronda la mente de todos, las escapadas de día o de fin de semana son una buena forma de prepararnos para saborear ese gran momento.

     Aun a riesgo de parecer engreídos, lo cierto es que Euskadi dispone de muchos, y muy bonitos, lugares de los que disfrutar y hacia los que escapar. A veces, un determinado lugar atrae naturalmente por su espectacular belleza; otras, porque guarda agradables recuerdos que asociamos, por lo general, a épocas pasadas. En otras ocasiones, lugares que en apariencia no encierran nada espectacular resultan especialmente atractivos a nuestra vista o a nuestra percepción. Sea como sea, cada cual guarda en su interior uno o varios rincones favoritos a los que acudir de cuando en cuando. Son esos lugares mágicos que tienen la capacidad de hacernos desconectar de la rutina.

     Por ejemplo, la vizcaína comarca de Busturialdea guarda un especial cariño para el director del Parque Tecnológico de Zamudio, Julián Sánchez. Cuando era crío, Julián y su familia iban allí con frecuencia y en verano pasaban largas temporadas, que ahora recuerda con cierta nostalgia. Por ese motivo, al responsable del Parque Tecnológico de Zamudio le gusta pasearse de vez en cuando por Sukarrrieta, Mundaka y Bermeo. "Recuerdo que desde la playa de San Antonio nos acercábamos remando a las playas de Kanala y Laida, y cogíamos 'mojojones' en las rocas de Portuondo. Cuando había suerte y a algún amigo le dejaba su 'aita' el bote a motor, traspasábamos la barrera de Mundaka y nos acercábamos a la isla de Izaro, a Bermeo o a la Peña de Ogoño. Era una auténtica aventura con un paisaje incomparable". Julián no olvida fácilmente el buen sabor de boca de aquellas largas e intensas vacaciones. Como él mismo explica, "son vivencias que quedan en el recuerdo para siempre, cuando las vacaciones duraban entonces tres meses".

     En el caso de Manuel Cendoya, director del Parque Tecnológico de San Sebastián, su ruta costera preferida la conforman Zarauz, Getaria y Zumaia. La razón es obvia: la extraordinaria belleza de esos lugares y la gastronomía que se puede degustar en ellos. Destaca los escarpados acantilados de Zumaia, su paisaje rocoso y su verde manto vegetal: "Me gusta recorrer el puerto pesquero de Getaria, a los pies del islote de San Antón, visitar su magnífica iglesia de San Salvador, recorrer la calzada romana entre Zarauz y Getaría o pasear por sus barrios rurales de Elkano, Askizu y San Prudencio". Zarauz es parada obligada en el recorrido por la costa guipuzcoana. De ella, Manuel destaca no sólo la belleza de su playa, sino también el paisaje excepcional que se divisa desde el monte Amesti y las rocas de Mallarri.

     Cada uno tiene sus preferencias, y la montaña es la opción elegida por Javier Fernández de Retana, director del Parque Tecnológico de Álava. Aún guarda en la memoria su imagen de adolescente subiendo al monte los fines de semana con su cuadrilla, mochila en ristre, cantimplora colgada al cinturón y un buen arsenal de bocadillos para saciar el hambre allí arriba. La ruta circular de la montaña alavesa, situada al sureste de la provincia, es el circuito preferido por Javier, que disfruta relatando el trayecto, tantas veces recorrido, que une Antoñana y el pueblo de Oteo: "Se atraviesa primero un denso bosque de quejigos y encinas, y luego se desciende entre laderas cubiertas de pastos naturales hasta llegar a Oteo. Desde allí, cruzábamos el pueblo en dirección este y penetrábamos a través de un angosto paso en roca en el barranco del Arroyo Rosaria".

     Tres personas, tres opciones. Ésa es, tal vez, una de las grandes virtudes de Euskadi: albergar parajes, lugares y gentes capaces de saciar la sed visual y sensitiva de quienes hacen del disfrute de la naturaleza una necesidad.

       

 

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