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La cantidad no es desmesurada, pero a algunos les pone los pelos de punta: a principios
del próximo siglo, el comercio electrónico moverá más de 50 billones de pesetas
anuales. ¿Por dónde circula ese dinero? Y sobre todo, ¿quién y cómo echa mano a una
parte? Mientras las grandes potencias comerciales como Estados Unidos y la Unión Europea
presionan a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para mantener Internet libre de
aranceles, algunos gobiernos locales quieren un impuesto especial para la compra
electrónica. La creación de zonas tax free en el ciberespacio enfrenta a los países
tecnológicamente avanzados contra los no tan adelantados, por la sencilla razón de que
no se fían.
Según un estudio de IDC, el comercio electrónico en el Estado supondrá 80.000
millones de pesetas al año en el 2000, aunque en 1997 sólo se vendieron 890 millones. La
situación aquí se resume fácilmente: no se cobra ningún impuesto a ningún tipo de
comercio electrónico, excepto el IVA a los bienes intangibles. Para algunos bufetes
especializados en nuevas tecnologías, como Ribas&Rodríguez, las transacciones de
bienes artísticos deberían declararse, pero la realidad es que es imposible controlarlo.
Este no es el único problema: aparte de que un impuesto sobre el uso de las compras en la
red podría impedir el desarrollo del comercio electrónico, los conflictos de
jurisdicción exigirían un acuerdo mundial. ¿Debe un europeo pagar el IVA si la compra
se hace en los Estados Unidos, donde no existe este impuesto? ¿Qué ocurre con los bienes
intangibles, como el software, comprados a través de la Red? |
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Descuentos
del 60%
El comercio electrónico podría provocar que el coste de los productos se reduzca en
un 60% en pocos años, según la consultora Cooper`s & Lybrand. IBM calcula que cada
operación realizada a través de Internet le supone un ahorro del 90% frente la misma
transacción en ventanilla o línea 900. Para el consumidor, estas son algunas de las
ventajas fundamentales:

El tiempo de dedicación a la compra se reduce ostensiblemente y será mucho más
predecible: adiós a las colas y atascos.
Los gastos subsidiarios a la compra (traslados, aparcamiento, etc) quedan eliminados.
Las listas de compra estándares permitirán no olvidar artículos y posibilitarán un
control más preciso de las existencias domésticas.
Los productos defectuosos se darán a conocer rápidamente entre todos los usuarios de
la red y compradores potenciales; se acorta el ciclo vital de los productos inferiores.
Los pedidos, pagos, entregas y transacciones con tarjetas de pago serán automáticos y
sin papeleos.
Se evitará manejar y guardar físicamente grandes y pesados catálogos, que serán
sustituidos por catálogos virtuales. |